¡ Paso a las mujeres trabajadoras !

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Todos los movimientos políticos burgueses más reaccionarios que aparecen y se desarrollan por el planeta – desde Trump en los EEUU, Bolsonaro en Brasil y los partidos xenofobóbicos y fascistas de Europa, hasta el yihadismo y las dictaduras islamistas – enfocan sus ataques políticos más aberrantes contra los derechos de las mujeres. Éstas, junto a los trabajadores migrantes y las minorías étnicas y sexuales, conforman el chivo expiatorio común que se ofrece a la «patria» para cargar con las culpas del capitalismo, que ha convertido cada país en un estercolero económico, social y político.

Por todo el mundo, las mujeres han sido víctimas en mayor medida que los hombres de los efectos de la crisis, del paro, de los recortes sociales y de la precarización del trabajo. Y ya partían de una posición claramente inferior respecto a sus compañeros varones, en cuanto a la calidad de los empleos y los salarios. Sus cargas de trabajo doméstico continúan siendo en general muy superiores a los de los hombres y no han dejado de ser las principales cuidadoras de niños, ancianos, enfermos crónicos y discapacitados. Tareas todas ellas que deberían recaer sobre el conjunto de la sociedad.

En pleno siglo XXI, millones de mujeres todavía sufren amputaciones genitales, matrimonios forzosos infantiles y esclavitud sexual. Las mujeres trabajadoras de los países más pobres son las principales víctimas del tráfico de personas para la explotación sexual y ésta es un negocio de crecimiento exponencial en todos los países, especialmente en los más ricos.

La dominación machista en el ámbito personal, laboral y social, la violencia física y psicológica contra las mujeres, la cosificación de sus cuerpos o la concepción de sus personas como animales reproductivos, no solo no desaparecen, sino que encuentran soporte ideológico en las religiones y en las nuevas corrientes políticas reaccionarias que se extienden y que, cuando gobiernan, tienen por objetivo prioritario multiplicar al máximo la explotación y arrasar las adquisiciones y derechos conquistados por las trabajadoras y trabajadores.

Las religiones patriarcales, la ideología misógina y machista – igual que la xenofobia, el racismo o la homofobia – ha sido usadas por la clase capitalista, desde que existe, como un potente instrumento de división en el seno de las clases trabajadoras. División que permite disponer de una gran masa de trabajadoras educadas para la sumisión y a precio de saldo. Por eso, la opresión sobre la mujer, especialmente sobre la trabajadora, no desaparece y solo se amortigua allí donde se han desarrollado grandes luchas sociales por su liberación…y la burguesía no ha conseguido revertir sus victorias.

El derecho al aborto libre y gratuito, por ejemplo, fue instaurado por primera vez en la historia por la revolución rusa. Se han necesitado muchas décadas de luchas incesantes para alcanzar el actual número de países donde el aborto ha dejado de ser delito. Pero hoy ese derecho está puesto en cuestión en casi todos ellos. Los cristianos-fascistas amenazan constantemente a los médicos en Irlanda y EEUU. Trump en Estados Unidos, el PP y VOX en España, los gobiernos de Brasil, Polonia, Hungría, Austria, entre otros, tienen en su agenda la voluntad de eliminarlo. No obstante, las victorias de las mujeres de España en 2014 y de Polonia en 2016, obligando a sus respectivos gobiernos a retirar las leyes antiabortistas, anunciaron una nueva ola de importantes movilizaciones en numerosos países, que alcanzó un punto álgido el pasado 8 de marzo de 2018, y que puede repetirse, incluso superior, en 2019.

Con dos epicentros, uno en Argentina y otro en España, las movilizaciones actuales tienen como auténtica novedad haber empezado a romper, parcialmente, el corsé descompuesto del feminismo burgués y pequeño-burgués que ha dominado, hasta la asfixia y durante décadas, el campo de la defensa de la liberación de la mujer. El proceso se está basando en la organización por múltiples tipos de asociaciones, de asambleas abiertas, normalmente de barrio, que en ambos países han llegado a tener raíces muy extensas entre las mujeres trabajadoras jóvenes. De ese modo, en las movilizaciones se han abierto paso naturalmente las reivindicaciones específicas de las mujer obrera, de las migrantes, de las minorías étnicas y las que afectan al conjunto de la clase obrera frente a sus explotadores. Un “feminismo clasista”, como se le está llamando, se desarrolla tomando como soporte, al menos en España, algunos sindicatos obreros minoritarios (CGT, CNT, COS, etc.). La lucha de clases se desarrolla, por fin, dentro del feminismo, y la incorporación de las mujeres trabajadoras con sus reivindicaciones masifica las movilizaciones. No obstante, en ausencia de alguna organización auténticamente revolucionaria que plantee un programa coherente, los objetivos y métodos que se aprueban no dejan de ser a veces contradictorios y casi siempre muy confusos y empapados de la ideología dominante centrada, en el ámbito personal, punitivista y asistencialista, tan característica del feminismo pequeño burgués y burgués norteamericano.

En España, la coordinación del movimiento, reunida en Valencia a primeros de febrero, ha llamado a la “huelga general feminista”, en realidad una jornada de huelga sin ningún objetivo concreto que arrancar a patrones o gobierno. Las corrientes “sororistas” que practican la guerra de sexos llaman a participar solo a las mujeres, pero las corrientes “clasistas” llaman a incorporarse a la huelga a ambos sexos, en una lucha solidaria y común encabezada, claro está, por las trabajadoras. Estas corrientes son las que llaman a las organizaciones de masa de la clase obrera a tomar como propias las reivindicaciones de las trabajadoras.

Nosotros consideramos que es una obligación y una necesidad que toda la clase obrera y todas sus organizaciones se comprometan activamente con la defensa de la libertad e igualdad de la mujer en todos los terrenos, en la defensa de su derecho al control de su vida, su cuerpo y su capacidad reproductora y en la defensa de todas las reivindicaciones específicas como trabajadoras especialmente explotadas y sometidas.

Consideramos también que solo una visión programática global que incorpore el objetivo de acabar definitivamente con la sociedad de clases, que es la base de toda opresión, puede dar a la lucha por la liberación de la mujer y por las reivindicaciones de la mujer trabajadora el enfoque que la unifique como parte integrante de la liberación definitiva de toda la clase obrera.

Con Rosa Luxemburg, Clara Zetkin y Aleskandra Kolontái: ¡paso a las mujeres trabajadoras!

  • Contra todo tipo de discriminación y opresión ejercida contra las mujeres.
  • Por el reparto del trabajo entre todas y todos, con reducción de la jornada y sin reducción salarial, hasta acabar con el paro.
  • Contra el trabajo precario y por la igualdad salarial real entre hombres y mujeres.
  • Salarios, pensiones y subsidios que permitan una vida digna para todas las trabajadoras y los trabajadores.
  • Servicios públicos suficientes, gratuitos y de calidad para el cuidado de niños, enfermos y dependientes.
  • Por una vivienda digna para todas las trabajadoras y trabajadores.
  • Por una escuela pública universal, laica, gratuita y coeducadora. Por la eliminación inmediata de la religión en la escuela y contra la financiación pública de la escuela privada.
  • Por una educación sexual científica centrada en el amor y el respeto de la libertad sexual propia y de los demás, independientemente de la opción escogida.
  • Contra todo tipo de financiación directa o indirecta a ninguna confesión religiosa.
  • Por los anticonceptivos y el aborto libres y gratuitos a cargo de la sanidad pública. Por la defensa de la sanidad pública, universal, gratuita y laica. Por el respeto y tratamiento médico adecuado de las patologías específicas de la biología femenina y de las enfermedades feminizadas.
  • Contra la cosificación y mercantilización de la mujer. Por la prohibición y persecución del proxenetismo. Por la prohibición de los “vientres de alquiler”.
  • Por el derecho a migrar libremente y con seguridad para todas las trabajadoras, trabajadores y jóvenes en formación. ¡Abajo todos los muros y las fronteras!
  • Contra la justicia machista y los linchamientos mediáticos de todo tipo. Depuración de todos los jueces reaccionarios. Por una auténtica justicia democrática no sexista donde los jueces y juezas sean elegibles y revocables por los consejos de trabajadores y trabajadoras.
  • Por un gobierno de las trabajadoras y trabajadores hacia una sociedad sin clases, sin explotación y sin opresión. Por el socialismo.

8 de marzo 2019
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