¡Fuera manos imperialistas de Venezuela!

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Un golpe de Estado imperialista

El 21 de enero, un golpe de Estado de 27 militares contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro fracasó en Cotiza, en el norte de Caracas.

El 22 de enero continuaron las manifestaciones callejeras organizadas por los partidos de la oposición burguesa. Para el 23, aniversario del derrocamiento del entonces dictador Marcos Pérez Jiménez, en 1958, se preparaba un mitin de masas.

El 23 de enero de 2019, Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó Presidente del país. Guaidó es miembro de Voluntad Popular, un movimiento de reagrupación burgués construido y financiado por los Estados Unidos, incluido el movimiento oficicioso National Endowment for Democracy (NED). Inmediatamente después de la autoproclamación de Guaidó como jefe de Estado, Trump reconoció al nuevo “presidente” de Venezuela. Declaraba que como Presidente del Parlamento, Guaidó es el “único órgano legítimo” del país porque fue “debidamente” elegido por el pueblo venezolano.

En pocas horas, los gobiernos de Brasil, Argentina, Ecuador, Chile, Perú y Canadá asumieron esta declaración, pero el autoproclamado Presidente también recibió el apoyo de políticos europeos como el presidente francés Emmanuel Macron, el ministro del Interior italiano Matteo Salvini y el ministro de Asuntos Exteriores alemán del SPD Heiko. Maas. A propuesta de Pedro Sánchez, presidente “socialista” del gobierno de Esàña -la potencia colonial de Venezuela hasta el siglo XIX-, la UE creía que tenía derecho a amenazar con reconocer al títere de Trump “si no se celebran nuevas elecciones dentro de una semana”.

Como en un manual sobre golpes de Estado, nos encontramos ante un golpe de Estado imperialista meticulosamente orquestado que puede desembocar en una intervención militar del imperialismo estadounidense en Venezuela. Sin embargo, el régimen de Maduro no es independiente de toda potencia imperialista. Como prueba, los Estados de China y Rusia denunciaron inmediatamente la “interferencia de Estados Unidos”, revelando que defienden al régimen chavista. Cabe señalar que de los 1,5 millones de barriles de petróleo que se producen diariamente, 700.000 son comprados por multinacionales chinas. Putin y Xi renegocian regularmente la deuda de Venezuela, país en el que el 96% de los ingresos provienen del petróleo.

La crisis del chavismo

La razón por la que las manifestaciones contra el gobierno de Maduro y su PSUV pueden ser masivas y estar instrumentalizadas por la reacción es el fracaso de la política nacionalista burguesa practicada bajo el nombre de bolivarismo, chavismo o incluso “socialismo del siglo XXI”.

Su fundador, el coronel Hugo Chávez, fue resultado final de casi diez años de una gravísima crisis económica, política y social que concentró su expresión en el “Caracazo” de febrero de 1989, cuando una revuelta espontánea de multitudes hambrientas barrió el país y fue aplastada sin piedad (3.000 muertos) por el entonces Presidente, Carlos Andrés Pérez, ejecutor de medidas del FMI y, en aquel momento, presidente de la “Internacional Socialista”. A la cabeza de una fracción de las capas medias y bajas de la oficialidad del ejército, intentó remodelar el Estado burgués para que fuera viable, cuando los viejos modos de dominación eran insostenibles. Para ello, el bonaparte surgido del ejército se situó por encima de la burguesía y el proletariado locales, apoyándose en una amplia movilización de masas extremadamente empobrecidas.

El coronel Hugo Chávez intentó aflojar la influencia del imperialismo en Venezuela, pero nunca cuestionó la propiedad privada de los medios de producción ni el capitalismo, ni siquiera en su constitución de 1999. La deuda externa ha sido pagada con absoluta puntualidad, las rentas petroleras han sido monopolizadas por los “amigos” del chavismo, fundamentalmente por los gestores militares de las sociedades estatales y la fracción de la burguesía ligada al ejército.

Sin embargo, la oposición de la fracción proimperialista de la burguesía y la necesidad del régimen de contar con las masas permitieron una serie de medidas sociales en los primeros años del chavismo, que mejorararon las condiciones de vida de los sectores más pobres de la población en muchas regiones y asegurararon una amplia base de apoyo en la población para el coronel Chávez y su movimiento bolivariano.

Un intento de golpe de Estado apoyado por Estados Unidos fracasó en 2002, fundamentalmente porque los trabajadores defendieron al gobierno bolivariano. Tras el fracaso del golpe de Estado, Chávez indultó a la mayoría de los conspiradores pro-imperialistas y disolvió los órganos de poder creados por los trabajadores, principalmente en la industria petrolera.

Los ingresos provenientes de las rentas del petróleo permitieron financiar una serie de reformas que modernizaron el sistema educativo, la sanidad, etc., pero no pusieron en cuestión la base capitalista. Por ello aparecieron una serie de líneas de fractura cuando se hizo evidente que el “socialismo del siglo XXI”, proclamado desde arriba, no toleraba la autoorganización de los trabajadores, ni la independencia de las organizaciones obreras. Los sindicatos fueron integrados en el movimiento bolivariano (a través de la UNT) y en el Estado. Los partidos obreros fueron sometidos a la fusión con el partido nacionalista burgués. Y como en todos los demás estados burgueses, la guardia nacional “bolivariana” ataca a los trabajadores en huelga y a los jóvenes que se manifiestan.

La responsabilidad de la ausencia de un partido obrero revolucionario recae particularmente en las corrientes centristas y reformistas que apoyaron a Chávez. La CI mandelista y más aún la TMI woodista, han desempeñado el papel de hoja de parra para el bonaparte y el nacionalismo burgués. Esta gente defendió a Chávez contra las protestas obreras, obstaculizó la construcción de un partido obrero revolucionario independiente incluso apoyó la creación de un partido único, el PSUV. Hablaban del socialismo venezolano cuando en realidad el Estado burgués estaba intacto y se mantenía el capitalismo.

El descenso del precio del petróleo, el hundimiento de la capacidad de producción (de 3 millones de barriles de petróleo al día en 1999 a 1,5 millones en 2018), las sanciones económicas extranjeras, la mala administración y la corrupción han llevado a un nuevo deterioro del nivel de vida de las masas y a una ola de protestas sociales.

Tras la muerte de Chávez en 2013, le sucedió en Maduro, quien, junto con su esposa, desde 2006, ha instalado a miembros de su familia en puestos clave en el gobierno y las empresas. Como resultado de la crisis económica mundial de 2008, las rentas del petróleo (la energía ha quedado como la única exportación del país) disminuyeron, erosionando una economía frágil bajo la dominación del imperialismo mundial. Al mismo tiempo, las huelgas y manifestaciones han aumentado porque la situación social de los trabajadores y trabajadoras de la ciudad y el campo se ha vuelto cada vez más desastrosa. El régimen ha recurrido cada vez más a medidas represivas. La ausencia de un partido obrero independiente ha alentado el surgimiento de la oposición burguesa, que se dice “popular” y “democrática”. Desde 2015, el capitalismo venezolano está hundido en la crisis: hiperinflación (hasta 1.000.000% del valor de la moneda en 2018), un gigantesco mercado negro, desnutrición, resurgimiento de enfermedades como la malaria, delincuencia, éxodo,….

Sólo el proletariado puede resolver la crisis

Tres millones de personas han abandonado el país. La fracción compradora de la burguesía, en comandita con el imperialismo estadounidense y sus aliados en la región, explota la desesperación de la población y el debilitamiento de la clase obrera para tomar el poder abiertamente.

Nosotros advertimos a las masas venezolanas contra cualquier ilusión en los cantos de sirena de la burguesía pro-estadounidense. Su toma del poder irá acompañada de la liquidación de lo que queda de las adquisiciones sociales, del debilitamiento de las libertades democráticas y de los ataques contra los trabajadores. La retórica abiertamente antisocialista de Guaidó y sus partidarios se inscribe en el mismo esquema que también ha surgido con el establecimiento de Bolsonaro en Brasil: el comienzo de una nueva ola de ataques brutales contra el movimiento obrero y la población trabajadora.

El movimiento obrero internacional debe impedir toda agresión imperialista contra Venezuela!

Los comunistas internacionalistas rechazan tanto el régimen bonapartista y corrupto del PSUV de Maduro como los proyectos reaccionarios de la burguesía imperialista y sus aliados locales. Pero también nos negamos a hacer concesiones al régimen de Maduro ante las amenazas imperialistas. En caso de un golpe armado, o de intervención extranjera, los trabajadores y campesinos, los jóvenes y los pobres deben organizarse y luchar contra los golpistas.

Incluso si esta resistencia condujera a una acción conjunta con los obreros partidarios del PSUV, los trabajadores deben mantener su completa independencia política. Deben crear comités de resistencia y acción en todo el país, preparándose no sólo para luchar contra el golpe de Estado, sino también contra el régimen corrupto de Maduro y todas las fracciones de la burguesía nacional. ¡Para ganar, hay que construir un partido revolucionario!

  • ¡Fuera manos imperialistas de Venezuela!
  • ¡Organización independiente de los obreros, de otros trabajadores y trabajadoras, de los campesinos pobres, de los jóvenes!
  • ¡Construcción de comités (consejos, soviets)! ¡Disolución de las fuerzas represivas y del ejército permanente burgués, armamento de los trabajadores! ¡Creación de milicias obreras!
  • ¡Ocupación de las empresas estatales, expulsión de los gerentes militares y control obrero de la producción!
  • ¡Ocupación y expropiación de las grandes empresas industriales, bancos, medios de comunicación, telecomunicaciones, bajo el control de los trabajadores!
  • ¡Ocupación y expropiación de los grandes latifundios, para su explotación por el proletariado agrícola y el campesinado pobre!
  • ¡Confiscación del dinero, los alimentos y medicamentos acumulados por los traficantes del mercado negro! Distribución por los comités de trabajadores y campesinos entre la población!
  • ¡Por un gobierno obrero y campesino, que expropie los grandes grupos capitalistas!
  • ¡Por una Venezuela socialista dentro de una Federación Socialista de América Latina!

26 de enero de 2019

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