Ni repliegue nacional, ni “Unión” europea
¡Estados Unidos Socialistas de Europa!

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Los representantes de las burguesías de toda Europa explican a aquellos y aquellas que explotan, que la Unión Europea les es beneficiosa y garantiza la paz, aunque sea la causa de las crisis económicas y del desempleo, y sea necesario retornar a la moneda nacional y cerrar las fronteras. Las dos afirmaciones son tan falsas una como otra:

  • La Unión Europea no ha sido protección contra la crisis capitalista mundial, ni ha impedido el regreso de los conflictos militares al continente.
  • El proteccionismo precipitaría la depresión económica y desembocaría en la guerra.

Para defenderse, los trabajadores deben afirmar su independencia respecto a todos los capitalistas, arrancarles el poder y unificar el continente.

Una unidad económica un tanto completa de Europa, que sería realizada desde lo alto, tras un acuerdo entre Gobiernos capitalistas, es una utopía. En esta vía el asunto no puede ir más allá de compromisos parciales y medidas a medias. Por lo mismo, la unión económica de Europa que puede aportar enormes ventajas al productor y al consumidor y en general a todo el desarrollo cultural, se convierte en la tarea revolucionaria del proletariado europeo, en su lucha contra el proteccionismo imperialista y su instrumento, el militarismo. (León Trotsky, El programa de la paz, mayo, 1917).

Europa, más dividida e impotente que nunca, después de 57 años de pretendida “Unión Europea”

La Unión Europea nació de un compromiso lisiado entre una serie de burguesías de la Europa Occidental, conscientes de la estrechez insoportable de sus fronteras.

El Estado nacional, después de haber dado un impulso vigoroso al desarrollo capitalista, se convirtió en demasiado estrecho para la extensión de las fuerzas productivas. (Manifiesto de la Internacional Comunista, marzo, 1919)

Después de la Segunda Guerra Mundial, estos gobiernos estaban traumatizados por la catástrofe a que había conducido las tentativas de superar el arcaísmo de sus fronteras a través de la violencia imperialista. En efecto, durante dos conflictos mundiales que se desarrollaron sobre todo sobre suelo de Europa, el vencedor real fueron los Estados Unidos capitalistas de América, que disponían de un mercado nacional de tamaño continental. La burguesía alemana, después del fracaso del 3er. Reich, no podía avanzar sus peones sino bajo la máscara de un reagrupamiento; la burguesía francesa, con el hundimiento de su imperio colonial, apenas pesaba ya en las relaciones internacionales, a pesar de las fanfarronadas del General De Gaulle.

La Unión Europea se reveló una tentativa ridícula e inútil de impedir la decadencia del capitalismo europeo. Para tener pleno éxito, habría debido unificar pacíficamente Europa. Ciertamente, la necesidad imperiosa de los intercambios de mercancías, capitales y mano de obra entre las economías capitalistas, impulsó a 22 estados a unirse a los 6 fundadores de 1958, y 18 de ellos hasta consiguieron, para facilitar estos intercambios económicos y pesar aún más en el mundo, unificar la moneda en 1992.

Además, su Unión Europea apareció demasiado tarde, en la época de decadencia histórica del capitalismo. Las burguesías europeas son incapaces de fusionarse entre ellas y suprimir las fronteras anticuadas, ya que cada una de ellas es inseparable de su Estado nacional. Éste es indispensable para garantizar la explotación de su proletariado (del que, en todos lados, una parte es de origen extranjero) y para defender sus intereses contra las otras burguesías (incluidos sus vecinos del continente). Por lo tanto, estas potencias imperialistas permanecen divididas e impotentes ante los imperialismos, norteamericano, japonés, chino y ruso, las fronteras se multiplican en un continente ya fragmentado y la guerra emerge de manera recurrente.

Después del estallido de Yugoslavia, ¿el de Ucrania?

Los partidos nacionalistas burgueses claman que las regiones más prósperas (Flandes, Lombardía, Cataluña, Escocia…) deben separarse y ya no pagar por otros, como si los estados capitalistas disminuidos pudieran escapar a las crisis capitalistas mundiales y a la dominación extranjera.

Sólo la revolución proletaria puede garantizar a los pequeños pueblos una existencia libre, ya que liberará las fuerzas productivas de todos los países de las tenazas apretadas por los Estados nacionales, uniendo al pueblo en una estrecha colaboración económica, de acuerdo con un plan económico común. Sólo ella dará a los pueblos más débiles y menos numerosos la posibilidad de administrar, con una libertad y una independencia absoluta, su cultura nacional, sin acarrear el menor daño a la vida económica unificada y centralizada de Europa y el mundo. (Manifiesto de la Internacional Comunista, marzo 1919).

Cuando la burocracia estalinista checoslovaca decidió restaurar el capitalismo en 1991, el país estalló a partir de 1992 en dos Estados, integrados a la Unión Europea (en la práctica, bajo influencia alemana) y a la OTAN (dirigida, de hecho, por los Estados Unidos).

Cuando la burocracia yugoslava decidió restaurar el capitalismo, las rivalidades entre la burguesía alemana y la burguesía francesa alimentaron la guerra civil de 1991 a 1999 y produjeron el estallido en 6 Estados. La OTAN, por decisión norteamericana y con la participación del ejército belga y el ejército francés, bombardeó Serbia para poner fin conflicto. Los sueños nacionalistas produjeron la sumisión de estos confetis, o a Rusia o a la Unión Europea, al precio de la destrucción de la infraestructura, de un millón de desplazados y 300.000 muertos.

Cuando la burocracia rusa decidió restaurar el capitalismo en 1991, la URSS estalló. Posteriormente, la burguesía rusa disputa a la burguesía norteamericana, alemana y francesa los nuevos estados capitalistas formalmente independientes, pero que están en manos de oligarcas incapaces de desarrollar el país y en consecuencia de garantizar su autonomía. Es el caso de Ucrania, donde las exigencias de la Unión Europea significaron el agravamiento de la suerte de los trabajadores, mientras que el potente vecino ruso chantajeaba con el suministro de gas natural. Las aspiraciones a vivir mejor y a vivir libremente fueron desviadas, tanto en 2004 como en 2013, por argollas capitalistas vendidas a los imperialistas alemanes o rusos.

La burguesía de todos los países, así como todos los partidos pequeño-burgueses que aceptan la alianza con la burguesía contra los obreros, se han esforzado sobre todo en dividir a los obreros de las distintas nacionalidades, en atizar la desconfianza, en destruir la estrecha unión internacional y la fraternidad internacional de los obreros. Si la burguesía lo consigue, la causa de los obreros está perdida. (Vladimir Lenin, Carta a los obreros y campesinos de Ucrania, diciembre 1919)

A principios de 2014, la Unión Europea y los Estados Unidos cubrieron la participación de partidos fascistas en el nuevo Gobierno. Apostando a la ausencia de un Ejército de la UE y a los fracasos del Ejército norteamericano en Irak y Afganistán, el Ejército ruso ocupaba ya una parte de Moldavia y Georgia, después de haber mantenido a Chechenia en su territorio con la mayor violencia en 1994-1996 y en 1999-2000. Putin incorporó Crimea a Rusia en abril de 2014, a pesar de la hostilidad de una minoría ucraniana y de una minoría tártara; una guerra civil larval sigue en Ucrania entre argollas capitalistas vendidas a las burguesías vecinas. La CIA aconseja al Gobierno de Kiev que cubra masacres como la de Odessa. Tropas de choque encubiertas del Ejército ruso, entran en territorio ucraniano. Después de haber ocupado Crimea en marzo, las “fuerzas especiales” ayudaron a las milicias pro-rusas, que incluyen también a elementos fascistas, a tomar el control de varias ciudades del este de Ucrania donde se liquida a los opositores a veces físicamente.

En el régimen capitalista, un igual desarrollo de las distintas economías y distintos estados es imposible. Los únicos medios posibles de restablecer de vez en cuando el equilibrio en entredicho, son, en el régimen capitalista, las crisis en la industria, las guerras en política. (Vladimir Lenin, Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa, agosto 1915)

El mito chauvinista de una Comisión de Bruselas por encima de los Estados burgueses nacionales

Ningún gobierno descuida asignar a la Unión Europea la responsabilidad de las medidas impopulares que adopta a favor de su burguesía. El Partido Conservador británico y la UMP francesa usan regularmente este método. Los partidos fascistizantes y los partidos fascistas, así como parte del movimiento obrero (en particular los antiguos partidos estalinistas), denuncian una “Europa” muy potente que dictaría su conducta a los Estados nacionales desnudados de soberanía. Este veneno nacionalista es un señuelo.

El Parlamento Europeo no tiene verdaderos poderes, puesto que el “Consejo Europeo” toma las decisiones de la Unión Europea (y en menor medida el “Consejo de Ministros”), es decir, por acuerdo de los 28 gobiernos ejecutivos nacionales. Son aplicadas por la “Comisión Europea”, cuyos Comisarios son nombrados por los Gobiernos nacionales. Del mismo modo, los 18 gobiernos de la zona euro nombran al Presidente y a los gobernadores del Banco Central Europeo.

La Unión Europea se basa en el compromiso entre los estados que la componen y en particular en las tratativas entre los más poderosos (Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña). Las “cumbres franco-germanas” no figuran en los tratados comunitarios, pero preparan, desde 1957, las reuniones del Consejo Europeo, pasando por encima de la Comisión y el Parlamento. Así pues, ninguna decisión importante de la UE se ha tomado sin el acuerdo de los poderes ejecutivos alemán y francés: creación del mercado común en 1957, adopción de una política agrícola común en 1962, ampliación de 1973, adopción de paridades fijas entre las monedas en 1979, decisión de una moneda única en 1992, lanzamiento del euro en 1999, ampliación de 2004, aprobación de nuevas normas de funcionamiento en 2009, ayuda a Grecia en 2010…

El presupuesto de la Unión Europea prueba que ésta dista mucho de constituir un estado. En primer lugar, ella misma no tiene el derecho de aumentar los impuestos y es financiada esencialmente por contribuciones de los estados miembros. También estos recursos ascienden a menos del 1% del PIB de la zona. Por último, las burguesías alemana y británica acaban de exigir – y obtener – que este presupuesto descienda.

La Unión Europea apenas tiene política internacional común y no dispone de ningún medio militar para aplicarla. La intervención imperialista norteamericana, británica, italiana y española en 2003 en Irak se hizo contra la opinión de Rusia, Alemania y Francia. La intervención imperialista norteamericana, francesa, británica, italiana y española en 2011 en Libia tuvo lugar a pesar de la posición del gobierno alemán. Las intervenciones imperialistas francesas en 2013 en Malí y el República Centroafricana se decidieron sin consultar a la UE ni a los otros gobiernos.

Detrás de una fachada democrática, la Unión Europea encubre una jerarquía de estados, encabezada por un puñado de grandes países imperialistas, en la base los países dominados y entre ambos los imperialismos de pequeño tamaño.

En la crisis capitalista mundial de 2008-2009, cada uno jugó para sí mismo en Europa: cada Estado financió abundantemente – sin ningún respeto al “liberalismo” ni a las normas de déficit público y deuda pública de la UE – a sus grupos financieros y a sus empresas de automóviles. Ninguna sanción ha sido impuesta por la Comisión Europea por el incumplimiento a los límites presupuestarios fijados por los Tratados (déficit público inferior al 3% del PIB, deuda pública inferior a 60 %).

La deuda pública en la Unión Europea es hoy por término medio el 93% del PIB. La tentativa de entrega en orden de la hacienda pública y la exasperación de la competencia entre capitalismos produjeron por todas partes, incluso en los países más ricos de la UE, ataques contra el proletariado en los centros de explotación (reducción de salario, prolongación del tiempo de trabajo, intensificación del trabajo, reducción de las pensiones de jubilación, facilitamiento del despido…) y la reducción de los gastos sociales (pensiones de jubilación, acceso a la salud, acceso a la formación…).

En cuanto a los capitalismos nacionales más débiles, literalmente se hundieron en la crisis capitalista mundial en 2009, lo que condujo a sus Estados respectivos a una “crisis de la deuda pública” en 2010, es decir, a la negativa de los grupos financieros a seguir prestándoles en el mercado financiero.

A pesar de las reticencias iniciales del gobierno alemán, los estados periféricos terminaron por obtener la ayuda conjunta del FMI, la UE y el BCE, ya que el euro, e incluso la Unión Europea, estaban amenazados. Sucesivamente, las burguesías de Grecia, Irlanda, Portugal, España y Chipre recibieron entonces préstamos colosales y el reembolso cayó sobre las espaldas de los trabajadores: reducción masiva de los salarios, despido de centenares de miles de funcionarios, etc. Los proletariados de estos países se empobrecieron, pauperizaron, y fueron dejados sin perspectiva por sus direcciones tradicionales, que se dedican a preservar a su burguesía y solo proponen calendarios electorales y “jornadas de acción” simbólicas, a manera de distracción.

El resistible ascenso del racismo y el fascismo

En cada país miembro, una fracción del capital no ha sabido hacer frente a la apertura de fronteras y la competencia de las demás empresas europeas. El ascenso irresistible de Alemania, desde su absorción de la RDA en 1980 y la apertura de la Europa Central a sus mercancías y capitales, preocupa a las otras burguesías de la UE. La crisis capitalista mundial de 2008-2009 cavó un distanciamiento entre el capitalismo alemán y su rival francés.

Una parte de la burguesía alemana y de los Países Bajos es reticente a estar a cargo de las burguesías del Sur.

Los partidos racistas y fascistas se sirven de los extranjeros como cabezas de turco. Los gobiernos más “democráticos” expulsan a los trabajadores inmigrantes e incluso a gitanos que son ciudadanos de países miembros (es el caso del gobierno del PS en Francia).

El desempleo de masas, combinado con la impotencia, y con la cobardía y traiciones repetidas de los partidos “reformistas” y direcciones sindicales, promueven el ascenso de los partidos xenófobos que alcanzan hasta el neo-nazismo. Grupos y partidos fascistas ya atacan a los militantes trabajadores, minorías nacionales y extranjeros con la complicidad de la policía en Grecia, Alemania, Hungría, Francia…

El frente único de las organizaciones obreras y estudiantiles podría ponerle rápidamente fin, pero sería necesario dejar de confiar en el Estado burgués, en sus leyes, sus jueces y sus policías contra “la extrema derecha”. Para cortar la hierba bajo los pies de los partidos racistas y fascistas, sería necesario que las organizaciones resultantes de la clase obrera rompan con toda su burguesía, con la fracción pro-UE como con la fracción anti-UE, con el pretendido “interés nacional” que divide a la clase obrera y la somete a sus explotadores, para comprometerse con la vía del gobierno de los trabajadores.

Por la revolución social en toda Europa, de Turquía a Islandia, de Portugal a Rusia

Los proletarios, para emanciparse y liberar a la sociedad del obstáculo y la amenaza que representa siempre el modo de producción capitalista, deben enfrentar a la burguesía entera.

Los partidos social-patriotas (“laboristas”, “socialdemócratas”, “socialistas”, “comunistas”) subordinan el proletariado a su burguesía. Flanqueados por las organizaciones centristas (los falsos “trotskistas” que rechazan la insurrección y la dictadura del proletariado, los restos del maoísmo, etc), pretenden mejorar la Unión Europea o, aún más absurdamente, que el capitalismo en un único país es viable y preferible. Los partidos “reformistas” que gobiernan lo hacen para su burguesía y contra la clase obrera. Las direcciones sindicales son también burocracias que no tienen más que “negociar” que los ataques patronales y gubernamentales.

Cien años después de la Primera Guerra Mundial, para impedir que Europa se hunda de nuevo en el nacionalismo y la guerra, para abrir un futuro progresista, el proletariado necesita una nueva dirección, una Internacional obrera y en cada estado un partido de tipo bolchevique, internacionalista y revolucionario.

Así pues, los obreros, los empleados, los técnicos, etc, podrán unirse y atraer a los desempleados, a las capas semi-explotadas (trabajadores independientes y otros), a los jóvenes estudiantes, para derribar la dominación de la minoría burguesa, conquistar el poder político, suprimir los antiguos modos de producción, extender la revolución europea, colaborar con los otros gobiernos obreros resultantes de la revolución socialista en los países que constituían la UE y en otros (incluida Turquía que la “Europa” capitalista rechaza).

A las consignas de desesperación nacional y de locura nacional, es necesario oponerles las consignas que proponen una solución internacional. (León Trotsky, El giro de la IC y la situación en Alemania, setiembre 1930).

  • ¡Adecuación del derecho del trabajo a las normas más avanzadas de toda Europa! ¡Prohibición de los despidos! ¡Escala móvil de los salarios y horas de trabajo! ¡Distribución del trabajo entre todos los trabajadores! ¡Control de los trabajadores sobre la contratación y la producción!
  • ¡Respeto a las minorías nacionales! ¡Derecho de separación de las minorías nacionales! ¡Libre circulación de los trabajadores de todos los países en Europa! ¡Los mismos derechos para todos los trabajadores!
  • ¡Enseñanza y salud de calidad y gratuitos! ¡Anulación de todos los ataques contra el salario indirecto! ¡Expropiación sin indemnización de los bancos y compañías de seguros! ¡Anulación de todas las deudas públicas!
  • ¡Separación completa del Estado y toda religión! ¡Ninguna subvención a ningún culto! ¡Prohibición de toda propaganda religiosa en los lugares de estudio! ¡Libre acceso en toda Europa a la anticoncepción y a la interrupción del embarazo!
  • ¡Abajo todos los tratados militares y económicos burgueses! ¡Fin de las intervenciones militares europeas en el exterior y cierre de las bases militares en el extranjero!
  • ¡Autodefensa de las luchas obreras y las organizaciones obreras contra todas las bandas del capital! ¡Disolución de los ejércitos profesionales y armamento de la población!
  • ¡Derribar a todos los gobiernos burgueses! ¡Creación de Consejos de trabajadores! ¡Gobierno sin ministros burgueses basado en los Consejos! ¡Supresión de las fronteras! ¡Estados Unidos Socialistas de Europa!

El enemigo principal está en nuestro propio país. La unidad de Europa no podrá ser sino el fruto de una revolución social dirigida por una clase que no es ni poseedora ni explotadora, que es internacional y no nacional.

El triunfo de la revolución socialista en el continente dará impulso a la revolución en África del Norte, en Medio Oriente y en todo el mundo, lo que permitirá garantizar las condiciones del socialismo mundial. Construyamos la Internacional cuyas banderas rojas proclamarán: ¡Viva la unión de los gobiernos obreros y campesinos del mundo!


13 de mayo de 2014

Buró Internacional del Colectivo Revolución Permanente
Movimiento al socialismo (Russia)