Por la unidad de las organizaciones obreras contra toda intervención militar en Siria

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El 13 de marzo de 2011, la policía siria detenía, encarcelaba y torturaba a 15 colegiales que habían pintado sobre una pared los lemas de la revolución egipcia. Se iniciaron entonces las manifestaciones cada vez más masivas contra el régimen – a pesar de la mortífera represión-, que se inscribían claramente en el proceso revolucionario que había comenzado a abarcar África Septentrional y Oriente Medio, en Irán, Túnez, Libia, Egipto, Bahrein… Si la clase obrera contara con un partido obrero revolucionario, habría podido derribar a Assad basándose en el resto de los explotados, en la juventud, en las minorías kurda y palestina, en los soldados rasos.

El partido nacionalista Baaz se apoderó del poder en Siria mediante un golpe de Estado en 1963, en nombre del pan-arabismo y el socialismo. En cuanto al pan-arabismo, en 1976 el Ejército sirio participó en Líbano en la masacre de los palestinos. En cuanto al socialismo, es un régimen capitalista dictatorial donde las actividades y las organizaciones obreras independientes del Estado están prohibidas. Además, desde inicios de los años 2000, olas de privatizaciones industriales y de tierras mermaron seriamente el nivel de vida de las masas.

Esto no impidió al Partido Comunista Sirio, fiel a la línea estalinista de apoyo a las burguesías nacionales en nombre del antiimperialismo y la revolución por etapas, ofrendar su apoyo a este régimen, impidiendo la constitución de una oposición obrera organizada y dejando así a los Hermanos Musulmanes el terreno de la oposición al régimen.

A falta de dirección proletaria, el potente movimiento de masas contra el régimen, iniciado en marzo de 2011, cayó bajo el dominio de los políticos burgueses opuestos a Assad y en particular de los movimientos islamistas. El Ejército Sirio Libre, clerical en sí mismo, cuenta con la competencia de los movimientos islamistas respaldados por Qatar y Arabia Saudí, que tienen más en la mira a los alauitas, cristianos, drusos y kurdos, que a la misma dictadura del Baaz, lo que echa a una parte de la población en brazos de Assad y prolonga los días del régimen. Por consiguiente, la confrontación entre la dictadura y las masas se convirtió en una guerra entre fracciones de la burguesía, cada una vinculada a imperialismos opuestos, donde el pueblo sirio es la víctima. Más de 2 millones de personas debieron refugiarse en Turquía, Jordania, Líbano e Irak.

Mientras que el imperialismo ruso, el imperialismo chino y el régimen islámico iraní, arman y defienden al sangriento dictador Assad, mientras que los guardias iraníes y las milicias de Hezbollah intervienen para salvarlo, los imperialismos francés y norteamericano se disponen a una intervención militar directa, agarrándose de la utilización de armas químicas contra la población civil. Francia, cuyo Ejército utilizó napalm en Marruecos y Argelia, y Estados Unidos, cuyo Ejército utilizó la bomba atómica contra Japón y el napalm contra Vietnam, Camboya e Irak, no tienen cómo dar lecciones de moral.

La intervención de estos Ejércitos no servirá ni a la vida de los civiles ni a la democratización del país. Su amenaza apunta a poner en vereda a todos los países dominados, controlar esta región del mundo, debilitar las posiciones y fuentes de suministro energéticas rusas y chinas, reforzar al Estado de Israel que prosigue la colonización de Jerusalén y Cisjordania, y amenazar a Irán.

Sin embargo el Parlamento británico acaba de rechazar un compromiso militar; el gobierno alemán se propone permanecer a distancia; y el gobierno imperialista francés dirigido por el PS, que se había adelantado prematuramente, se encuentra desestabilizado por la hostilidad de la UMP y por las demoras de la administración imperialista norteamericana del Partido Demócrata.
Como telón de fondo está la oposición de la población de estos países, que recuerda en particular las manipulaciones desvergonzadas de los imperialismos inglés y norteamericano para justificar la segunda intervención en Irak, y está el temor de los gobiernos a precipitar una crisis regional.

La tarea de los comunistas internacionalistas es pronunciarse al mismo tiempo, sin ambigüedad, por el derrocamiento del dictador Assad por los trabajadores sirios mediante los métodos de la lucha de clases, y combatir, en particular en los países imperialistas involucrados, por el frente único de las organizaciones obreras contra toda intervención imperialista.

¡Proletarios de todos los países, uníos! ¡Imperialismos norteamericano y francés, no a la dominación de Siria! ¡Impedir la intervención por todos los medios proletarios!

¡Abajo el régimen burgués del Baaz y Assad! ¡No a la reacción islamista! ¡Soldados conscriptos y milicianos de base: abandonar a ambos bandos opresores! ¡Libertades democráticas y derechos para los asalariados! ¡Respeto a las minorías religiosas y nacionales! ¡Laicidad! ¡Emancipación de las mujeres! ¡Confiscación de los grupos capitalistas y de la gran propiedad de la tierra! ¡Por un Gobierno Obrero y Campesino!


9 de setiembre de 2013

Buró Internacional del Colectivo Revolución Permanente