Por la liberación de Irak y Afganistán
Por la derrota del imperialismo en cualquier parte del mundo
Unidad de todos los trabajadores contra el terrorismo ciego

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El 7 de julio, cuatro explosiones en tres líneas de metro y un autobús de Londres mataron a 56 personas e hirieron a varias decenas. Según las informaciones oficiales, los atentados fueron cometidos, de forma imprevisible, por jóvenes hombres que se autoinmolaron en los mismos atentados, cuatro británicos provenientes de familias inmigrantes de Pakistán y Jamaica. Numerosos diferentes comunicados reivindicaron esos atentados. Sin embargo todos se reclamaban de la nebulosa islamista Al Qaeda y exigían la evacuación de Irak por el Reino Unido.

Los mayores terroristas son Bush, Blair, Chirac, Putin y Sharon. Pero los atentados de Londres no se dirigieron contra ellos, sino contra la clase social capaz de poner fin a la intervención en Irak, a la dominación imperialista de algunas potencias sobre el resto del mundo y capaz de derrocar al capitalismo mundial. Los comunistas condenamos por ello los atentados de Londres y el terrorismo ciego en general.

Los bolcheviques no rechazan, sin embargo, toda violencia. Que los trabajadores y oprimidos se hagan cargo de su propia defensa contra la policía, ejército, esquiroles, fascistas, es legítimo; también lo es la toma del poder por la clase obrera (insurrección); también la guerra del poder obrero contra la contrarrevolución interna i las intervenciones extranjeras (dictadura del proletariado)…

Los dirigentes políticos y militares de las potencias imperialistas siempre han aterrorizado al mundo

Contrariamente a lo que afirma Bush, o su lacayo Tony Blair, los atentados probaron su incapacidad para eliminar esta forma de terrorismo. Por el contrario, lo alimentan permanentemente con una política que se deriva de la dominación de las potencias imperialistas sobre el conjunto del planeta.

Históricamente los grandes estados de América y Europa han practicado la esclavitud. Todos los imperios coloniales fueron construidos mediante brutales conquistas y masacres, siendo mantenidos hasta la segunda mitad del siglo XX por Gran Bretaña, Francia, Japón, Bélgica, Países Bajos, Portugal, España, Italia y Alemania, gracias al recurrente recurso al terror contra los pueblos de Asia y África. Los Estados Unidos se apoderaron de parte de Méjico y han intervenido en múltiples ocasiones en el resto del continente y en el mundo entero.

Si se denomina como terrorismo a los actos militares contra civiles desarmados para lograr objetivos políticos, en tal caso la bomba atómica que el imperialismo estadounidense empleó para obligar a ceder a su rival japonés, hace ahora 60 años, o los bombardeos sobre Dresde y Guernica fueron actos de terrorismo de mucha mayor envergadura: 140.000 habitantes de Hiroshima fueron muertos. Los terroristas de Londres han sacrificado sus vidas, los terroristas de Hiroshima y Nagasaki no corrieron ningún riesgo y han disfrutado, tras este crimen, de una apacible vida.

Todas las potencias imperialistas (entre ellas Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña) han alimentado la animadversión de los árabes y musulmanes del mundo entero a causa de su apoyo a la fundación de Israel, que nació del terrorismo contra los habitantes árabes (en su mayor parte musulmanes) de Palestina, expulsándolos por la fuerza y por millones de su país de origen. El Estado de Israel hace hoy en día a los árabes israelíes ciudadanos de segunda clase y practica el terror militar contras las masas de Cisjordania y Gaza.

Todas las potencias imperialistas (incluidas Francia y Alemania) provocan en el mundo el resentimiento de todos los oprimidos, a causa de su ocupación de Afganistán. El estado británico y el estadounidense han acumulado el odio gracias a la invasión de Irak bajo pretexto de inexistentes lazos del régimen de su antiguo cómplice Hussein con Al Qaeda y la, también ficticia, posesión de ‘armas de destrucción masiva’. El ejército estadounidense, con la ayuda del ejército británico, destruyó Faluya en noviembre de 2004, matando de paso a centenares de civiles que no habían huido de la ciudad. El ejército y los servicios secretos estadounidenses detiene arbitrariamente a millares de prisioneros capturados durante sus expediciones coloniales en sus campos de concentración de Afganistán, Irak y Cuba. Estos detenidos se ven sometidos, además, a humillaciones y torturas.

A pesar de sus proclamas democráticas, todos los estados capitalistas dominantes (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña…) practican bajo diversas formas la xenofobia y la persecución de inmigrantes, incluso la discriminación y el racismo contra sus descendientes (o los de los antiguos esclavos). El paro y las persecuciones policiales exasperan a la juventud negra, árabe, pakistaní, turca… de Estados Unidos y Europa Occidental. Gran Bretaña, como el resto, concentra a sus ciudadanos más pobres en guetos y, a causa de su política ‘antiterrorista’, alimenta la sospecha contra todos los musulmanes.

¡No al “derecho a disparar” para la policía! ¡Retirada inmediata de las tropas británicas de Irak! Abajo el gobierno burgués de Blair! ¡Por un gobierno obrero en Gran Bretaña!

El 22 de julio la policía británica asesinó de siete balazos en la cabeza a un joven trabajador brasileño que no tenía nada que ver con los atentados. El alcalde de Londres, el laborista de izquierda Ken Livingstone, organizador del Foro Social europeo de octubre del 2004, rehusó condenar el asesinato del joven brasileño por la policía. Este atropello es el resultado del “derecho a disparar” acordado a la policía mucho antes de los atentados, al igual que el gobierno laborista de Tony Blair había recortado las libertades democráticas antes, como la obligación de un carné de identidad: “Terrorism Act” de 2000, “Anti-Terrorism Crime and Security Act” de 2001, “Prevention of Terrorism Act” de 2005…

Desde 1997, Tony Blair gestiona lealmente el capitalismo británico al frente del estado monárquico del Reino Unido. En el plano interior, Blair y su ministro de economía Brown han mantenido todas las medidas de Thatcher, entre ellas las disposiciones anti-huelga y las privatizaciones, han rebajado los impuestos sobre los ricos y patronos, han comenzado la privatización de los hospitales y de la enseñanza pública, desmantelado el sistema de alquileres sociales, etc.

El gobierno Blair no ha cesado de restringir la inmigración, también la de los refugiados que buscan asilo en una de las más viejas democracias burguesas: “Immigration and Asylum Act” de 2004. Igual que los gobiernos del Partido Conservador (el principal partido burgués), los gobiernos del Partido laborista (el partido tradicional de la clase obrera) siempre han gestionado un ejército pletórico, bases militares en el extranjero, servicios secretos que practican el terrorismo y la tortura en Irlanda y otros lugares. Igual que los conservadores, los laboristas han ocupado la parte norte de Irlanda. Al hilo de esta tradición social-imperialista, el gobierno Blair suministró tropas para las intervenciones en Bosnia, Afganistán e Irak.

La tarea inmediata de la clase obrera de Gran Bretaña es impedir las intervenciones de su imperialismo, bloquear la ofensiva capitalista continuada tras Thatcher y derrocar al actual gobierno burgués. Los militantes obreros, sindicalistas, laboristas, revolucionarios, deben romper con el gobierno de Blair y adentrarse en la vía de un gobierno obrero que dará satisfacción a las reivindicaciones de los trabajadores, tenderá la mano a los pueblos oprimidos, sin temor a expropiar a los grandes grupos capitalistas. Para ello, será necesario que la vanguardia constituya un partido revolucionario de tipo bolchevique a escala de toda Gran Bretaña, en relación con los trabajadores conscientes de los otros países de Europa y del mundo.

Los retrocesos de la clase obrera a escala mundial han reforzado en todas partes el oscurantismo y el clericalismo

La traición a la oleada revolucionaria de los años sesenta y setenta por la corrientes nacionalistas pequeño burguesas, por las direcciones sindicales corrompidas, por los partidos socialdemócratas y por los estalinistas versión Moscú o Pequín, ha permitido a la burguesía mundial retomar la ofensiva. En Gran Bretaña, Thatcher logró, gracias a la complicidad del Partido Laborista y de la dirección de las TUC, vencer la huelga de los mineros de 1983-84. La retirada del proletariado mundial se aceleró con la desaparición de la URSS en 1991 y la consiguiente restauración del capitalismo en Rusia.

La prorroga que ha recibido el capitalismo no le asegura ningún futuro, condena a la humanidad a la destrucción de su medio ambiente, a las crisis económicas y a las guerras.

La burguesía se ha convertido, desde hace ya tiempo, en una clase reaccionaria. Globalmente ha renunciado al anticlericalismo del que se sirvió cuando luchaba contra la monarquía. En todas partes tiende a caer en el oscurantismo y recurre cada vez más a menudo al opio de la religión que siempre sirvió para legitimar la explotación y la dominación de una minoría de la sociedad sobre el resto, desde mucho antes de la aparición del capitalismo. Los dirigentes de los países más avanzados pregonan las creencias religiosas. Bush pretende estar guiado por su Dios y anunció la guerra contra Irak como una Cruzada.

La restauración del capitalismo en Rusia y en la Europa del Este ha significado el restablecimiento de las diferentes Iglesias cristianas, ortodoxa y católica, con intromisiones en el sistema escolar, atentados contra los derechos de la mujer, de contracepción y aborto e, incluso, la instauración de religiones de estado. En los países dominados, los partidos nacionalistas burgueses con pretensiones ‘socialistas’ han cedido terreno a los nacionalistas burgueses con un discurso religioso.

Las iglesias cristianas han jugado un papel en la ofensiva del imperialismo desde los años 1980. La Iglesia Católica y las iglesias protestantes contuvieron, bajo el pontificado de Woitila desde 1978 al 2005, el ascenso de la revolución política contra la burocracia en Europa central y han contribuido a la restauración del capitalismo. En Polonia, como consecuencia del rechazo a la burocracia y de la destrucción de la IV Internacional, la Iglesia Católica dirigió el sindicato Solidaridad. En Alemania, las iglesias protestantes han controlado las manifestaciones y hecho todo lo posible para facilitar la absorción de la RDA por el imperialismo alemán. El Papa Benedicto XVI acaba de inaugurar su reinado con un evento masivo en su país de origen con dinero de la Comisión Europea.

En Argelia, la dictadura del FLN ha alimentado al islamismo para desviar la lucha de la clase obrera y, en consecuencia, ha reforzado la opresión sobre las mujeres con el Código de familia de 1984. En África del Sur, la Iglesia Anglicana se encargó de organizar la reconciliación de las masas negras con los verdugos del apartheid. En Brasil, el Partido de los Trabajadores ha sido infiltrado, desde su nacimiento, por el clero católico. La religión embute a las masas, dejadas sin perspectiva revolucionaria, en un consuelo ilusorio. En los países dominantes, si los jóvenes oprimidos no encuentran el camino de la revolución social, se tornan sensibles a los discursos identitarios, incluyendo los más reaccionarios, aquellos que tienen como base la religión. En los barrios populares del Magreb, en los campos de refugiados palestinos, etc., los islamistas conquistan una base social suministrando ayuda a la población empobrecida por el capitalismo gracias a los fondos provenientes de Arabia Saudí y de Irán. En los países dominados, ante la falta de un partido revolucionario, si el proletariado no se pone a la cabeza de la emancipación nacional, si no toma el lugar de las direcciones nacionalistas burguesas laicas, el sitio está libre para las corrientes burguesas clericales que están entre los peores enemigos del proletariado, las mujeres, la juventud y las minorías nacionales o religiosas.

Todo ello refuerza a la reacción a escala mundial: rechazo de la profilaxis contra el SIDA por todos los jefes religiosos en el mundo entero, lapidaciones de mujeres y condena a los homosexuales en determinados países de América, Asia y África, ataques cristianos contra los centros que practican el aborto en Europa y Estados Unidos, multiplicación de las agresiones contra las minorías cristiana, budista, musulmana… en el Oriente Próximo y en el Extremo Oriente.

Toda religión es opresora, defiende la propiedad privada y el estado burgués

Para los promotores de los atentados de Londres, éstos no tenían por función derrocar el orden capitalista sino ordenarlo haciendo presión sobre los gobiernos de las potencias imperialistas.

Algunas corrientes políticas burguesas se proclaman de entrada como internacionales: tercermundismo, latinoamericanismo, panarabismo, ciertos islamistas pretenden representar al conjunto de los ‘creyentes’ contra los ‘infieles’. Pero como la clase burguesa es nacional, como los señores sólo tienen una base local, sus expresiones políticas no pueden tener un carácter internacional. Así, sea cual sea su demagogia populista inicial, todos los partidos antiimperialistas de las clases dominantes, sean laicos o clericales, demuestran plenamente su compromiso con la propiedad privada y el estado burgués en el momento de su acceso al poder.

Ello les lleva al abandono de todas sus pretensiones internacionalistas, a la contrarrevolución interna y, finalmente, a la capitulación ante el imperialismo. Y ello porque la única posibilidad de luchar realmente contra la dominación imperialista reside en la movilización armada de las masas obreras, plebeyas y campesinas que se enfrentan entonces con los poseedores locales, como lo hicieron durante la revolución china o la cubana, aunque bajo la estrategia populista guerrillerista de sus direcciones.

El naserismo egipcio y el FLN argelino así lo demostraron; el Baas sirio, el gobierno turco y el régimen iraní lo demuestran; lo mismo ocurrirá con el Hamás palestino y el Hezbolá libanés… que, por otra parte, acaba de entrar en un gobierno con todos los partidos burgueses de Líbano, entre los cuales los exterminadores de los refugiados palestinos desarmados en 1982. Allí donde puede, Hamás agrava además la opresión de las mujeres palestinas y persigue a los palestinos ateos o cristianos.

En Irán en 1953, en Irak en 1958, en Indonesia en 1965 y en Afganistán en 1979, los islamistas han estado al servicio del imperialismo

El imperialismo británico y el imperialismo estadounidense han contado, durante decenios, con las corrientes políticas más reaccionarias de los países dominados, de entre ellas con los islamistas del ‘imperio de las Indias’, de Arabia, Irán, Indonesia, Afganistán…, contra cualquier amenaza de revolución socialista e incluso contra los regimenes nacionalistas que intentaban librarse de su influencia. En Argelia, los servicios secretos estadounidenses traficaron con el FIS para debilitar al imperialismo francés que se apoyaba en la dictadura del FLN.

Estados con constitución musulmana, como Arabia Saudí o Pakistán, torturan a los prisioneros que les entrega la CIA tras su captura en Afganistán e Irak.

En el caso de Al Qaeda, todo el mundo sabe que la red del capitalista Saudí Ben Laden fue creada con la ayuda de los servicios secretos estadounidenses y pakistaníes (CIA y ISI) contra el régimen laico, incluso antes de la intervención de la URSS, para restablecer la autoridad de los imanes y jefes tribales sobre Afganistán. De 1978 a 1989, los medios de comunicación de los Estados Unidos y Europa llamaban a estos reaccionarios ‘resistentes’ y ‘combatientes por libertad’. Sólo tras los atentados de Nueva York los medios de comunicación capitalistas, los ideólogos burgueses y los partidos reformistas han descubierto la opresión de las mujeres por el régimen de los talibanes y empezaron a presentar a su rival, jefe feudal y musulmán Massoud, como un ‘demócrata’. Hoy en día, en el Afganistán ocupado, su constitución es clerical y sus mujeres continúan cubiertas con el burka.

Si Ben Laden se volvió contra su antiguo amo, las raíces sociales de Al Qaeda, su ideología y sus métodos políticos, entre los cuales el terrorismo ciego, no han cambiado.

Los marxistas toman partido a favor de los oprimidos y del reconocimiento de su derecho a armarse. Si no promueven los atentados contra los grandes patronos, los dirigentes políticos burgueses y los generales, como los que fueron realizados a fines del siglo XX por el IRA, ETA, el RAF, las BR, AD… es porque son contraproducentes, porque alejan el momento de la autoempancipación del proletariado. Además, estas acciones son propicias a las manipulaciones de la policía y de los servicios secretos.

Atacar a la población civil para vencer ha sido una práctica de los ejércitos coloniales europeos, de todos los ejércitos durante el conflicto entre imperialismos en las dos guerras mundiales, de los fundadores de Israel e incluso de los nacionalistas pequeño burgueses (ETA e IRA se han entregado a ella en algunos momentos).

Pero los atentados de Londres no se parecen a acciones de la guerrilla antiimperialista, ya que no estaban dirigidos, en ningún caso, contra objetivos militares, ni tampoco se parecen al terrorismo individual, ya que las víctimas no son en absoluto responsables políticas de la invasión y ocupación de Afganistán e Irak (o de Costa de Marfil y de Haití). En el mismo momento, el Primer Ministro británico, el presidente de los Estados Unidos, el presidente de la República Francesa, etc, se reunían, con toda la tranquilidad y lujos, en el marco de la ‘cumbre del G8’ en Gleneagles, en el norte del país.

El terrorismo indiscriminado es totalmente reaccionario

El actual terrorismo ciego de los fundamentalistas islamistas sirve a los jefes de las potencias imperialistas, pero también a los de estados opresores de menor envergadura, como Putin (presente en el G8) o Sharon, para justificar sus ataques contra los pueblos oprimidos y contra sus propios proletariados.

Las bombas en el metro o en los autobuses ayudan a los gobiernos del G8 y a los otros a legitimar el refuerzo de los cuerpos represivos que protegen a la burguesía y que garantizan las relaciones de explotación. Les permiten cercenar las libertades democráticas. El estado británico cuenta con una verdadera tradición en este dominio: la ‘public order act’ de 1936 dictada supuestamente contra el fascismo sirvió para reprimir a la IV Internacional y al CPGB; la ‘criminal justice act’ de 1988 adoptada contra el IRA fue utilizada contra las manifestaciones obreras; la policía antimotines levantada en Irlanda del norte fue utilizada contra los mineros del carbón.

El terrorismo ciego impulsa a los explotados de los países afectados a cerrar filas alrededor de sus explotadores, de su estado e, incluso, de su gobierno. El único gobierno que ha sido eliminado tras los atentados fue el gobierno Aznar y lo fue a causa de su participación en la guerra de Irak. y su apoyo al imperialismo. Tras los atentados, la soberbia y el empeño en desviar la atención de las masas hacia otro lado convirtió en insostenible la situación de leal apoyo del gobierno por la socialdemocracia. Atentados como los de Londres alimentan la xenofobia y el racismo, convierten a cualquier musulmán, árabe o pakistaní en sospechoso.

El terrorismo ciego en Londres fue un ataque contra la población trabajadora o estudiantil de una gran ciudad cosmopolita del mundo, como los de París en 1995, Nueva York en 1993 y 2001 y Madrid en el 2004. Sus cobardes instigadores toman como objetivos al proletariado y la juventud, particularmente vulnerables en los transportes públicos. Con un razonamiento fanático y racista, estos imbéciles convierten a los pueblos en responsables de las acciones de sus gobiernos, mientras que todas estas ciudades han visto manifestaciones masivas contra las expediciones coloniales y la política exterior de sus propios estados y de sus ejércitos imperialistas.

Los atentados contra la población judía en Israel, los asesinatos de turistas en Indonesia, Egipto o Marruecos, el ataque a un escuela por camicaces islamistas en Rusia el 1 de septiembre de 2004, las bombas contra las sinagogas del 11 de abril de 2002 en Túnez y el 15 de noviembre en Turquía, muestran la misma lógica reaccionaria que atiza los antagonismos religiosos y étnicos.

Por otra parte, los fanáticos no dudan en degollar o hacer saltar por los aires a árabes o musulmanes, como dan testimonio los innumerables atentados de los últimos años en Irak contra civiles, contra los partidos kurdos, contras la iglesias cristianas, las mezquitas suníes, como las masacres en Argelia de trabajadores en los barrios obreros y en los campos por la nebulosa del GIA durante el decenio de 1990.

Las organizaciones obreras rechazan a los jóvenes provenientes de la inmigración y los lanzan en brazos de la reacción clerical

Los partidos obreros tradicionales de los países imperialistas han rechazado durante mucho tiempo a los trabajadores inmigrados y a sus descendientes. Se han adaptado a esta nueva situación abandonando sus vagas referencias al socialismo y liquidando las conquistas obreras cuando han accedido al poder. El ‘Nuevo laborismo” de Blair es un modelo de este tipo.

Las corrientes centristas les han seguido. En Gran Bretaña, el SWP cliffista busca desesperadamente, con la ayuda de la ISG pablista, volver a poner en marcha el antiguo reformismo, chovinista e impotente, capitulando ante el islamismo. En la práctica, los seudo-trotskystas han canalizado el movimiento contra la guerra hacia el callejón sin salida del pacifismo, parloteando sobre Bush y rechazando la lucha para derrocar a su propio gobierno. Transforman a sus militantes en fuerza de apoyo de los Livingstone y Galloway, salidos del Partido Laborista y aún partidarios del control de la inmigración. El SWP rechaza condenar claramente los atentados de Londres.

Así, el gobierno del Partido Laborista que ocupa Irak y liquida todas las conquistas, pero también su sombra, el SWP, expulsan del movimiento obrero a los jóvenes de origen inmigrante y lanzan a una parte de ellos en los brazos de los “barbudos”. Igual que cualquier clero, los imanes son siempre explotadores de la credulidad, pero algunos de ellos llegan hasta enviar a jóvenes a la muerte. Estos fanáticos les prometen el paraíso, que ellos mismo no tienen mucha prisa en disfrutar, para hacerles asesinar a decenas de trabajadores y jóvenes.

Para acabar con el imperialismo y su otra cara de la medalla, el terrorismo ciego, hay que abrir la perspectiva de la revolución mundial

Los revolucionarios reivindican, igual que los islamistas, la salida de las tropas de ocupación de Irak. Pero el terrorismo ciego fija como objetivo a los trabajadores.

Estos métodos ilustran que la base social y los objetivos de los nacionalistas burgueses, entre los cuales los islamistas, y de los internacionalistas proletarios son diferentes. Los revolucionarios se dirigen tanto a los trabajadores de Irak y Egipto como a los de Estados Unidos y Gran Bretaña. El proletariado de los centros imperialistas tiene la capacidad de paralizar los transportes de tropas y material de guerra, las telecomunicaciones militares, pero le es preciso desembarazarse de sus actuales direcciones (Partido Laborista, burocracia de las TUC, burocracia de la AFL-CIO y de la SEIU, etc.) que están a favor de su burguesía. El proletariado de Irak tiene la capacidad de dirigir la lucha contra la ocupación extranjera de manera más eficaz que los odiados desechos del Baas de Sadam Hussein, los nacionalistas burgueses del PDK y de la UPK que juegan la carta del imperialismo estadounidense, los islamistas chiítas o suníes que asesinan más iraquíes que mercenarios del ejército británico o estadounidense.

Nuestro programa comporta la separación del estado y de toda religión, la expulsión de todos los curas de la escuela, la emancipación de las mujeres, el derecho de autodeterminación de las minorías nacionales, el derecho al desarrollo sexual de los jóvenes, la igualdad de derechos para las y los homosexuales…

Nuestra teoría, el marxismo, es materialista. Se basa en la confianza en la capacidad de los trabajadores asalariados para transformar el mundo tomando el poder, destruyendo el estado burgués, expropiando el capital y la propiedad terrateniente, planificando la economía, suprimiendo las fronteras. Así, los productores asociados dirigiendo la economía crearán las condiciones para librar a la sociedad de la alienación religiosa, que confiere a los productos de la imaginación humana poderes sobrenaturales, y de la alienación capitalista, que eleva al producto del trabajo social como una fuerza que somete a los productores a la precariedad y la explotación.

Los bolcheviques llaman a todos los trabajadores de todas las creencias, etnias y países a unirse contra los patronos de todas las creencias, etnias y países, para tomar el camino de su emancipación colectiva, que será el primer acto de la emancipación de toda la humanidad.

1 de septiembre de 2005

Colectivo Revolución Permanente
Groupe Bolchevik (Francia), Grupo Germinal – En defensa del marxismo (Estado español), Lucha Marxista (Perú)